Los costos en educación afectan a los hogares más vulnerables generando más exclusión

¿Por qué las familias en situación de pobreza y situación de vulnerabilidad gastan “hasta donde pueden y más” de sus ingresos en educación?  Al decir de Luis Ortíz Sandoval, autor de “Gratuidad de la educación pública. Estudios de caso sobre los aportes económicos de los hogares para la educación obligatoria”, material presentado el miércoles 22 de febrero, “las erogaciones responden menos a estrategias de apuntalar la ascensión social, sino más bien para evitar la caída social a niveles más críticos”.

El estudio realizado en el marco del proyecto Tetayguára Jesareko de Juntos por la Educación, con el apoyo de la Unión Europea, utiliza la categoría “erogaciones”, pues considera que la educación es una inversión pero a la vez es un gasto, por lo que su objetivo es “la identificación y el análisis de las erogaciones financieras que tienen lugar durante los procesos de escolarización en entidades educativas públicas con énfasis en situaciones de pobreza”.

La economista Verónica Serafini valoró la investigación como un “aporte al conocimiento de la situación para pensar en políticas públicas”. “Fundamental para conocer el costo y en qué gastan los hogares para garantizar la educación, para eliminar barreras e impulsar políticas públicas y universales”, dijo. En ese sentido, dio un contexto del por qué se dan los gastos de bolsillo que realizan las familias:  bajo nivel de inversión en educación desde el Estado y altos niveles de vulnerabilidad en los hogares. Serafini señaló que dos millones de niños, niñas y adolescentes se encuentran en hogares donde los adultos están ganando menos que el salario mínimo en Paraguay.

Oscar Charotti, de Juntos por la Educación, subrayó el concepto de gratuidad establecido y consagrado en la Constitución Nacional en el artículo 76 como una condición básica para garantizar la inclusión en la educación pública en nuestro país. “Esto adquiere mayor relevancia cuando nos damos cuenta de que prácticamente el 40 % de los niños, niñas y adolescentes que acceden al sistema público  provienen de familias de alta vulnerabilidad”, dijo.

El estudio de Ortiz Sandoval, a diferencia de otros estudios sobre gastos, se trata de una investigación sociológica cualitativa que más allá de los números recoge explicaciones mediante una estratificación de clase por ingresos y entrevistas en profundidad a actores clave de comunidades educativas, de poblaciones rurales y urbanas, de Central y Capital. La población estudiada se ubica según sus niveles de ingreso en: fracción baja y alta de la clase baja (situación de pobreza extrema y pobreza general) y fracción baja de la clase media (familias en situación de vulnerabilidad).

Los rubros se clasifican en dos:
1)    Rubros visibles o asociados a la educación: útiles y materiales didácticos; vestimenta (uniformes); tecnologías de la Información y la comunicación para la educación; accesorios didácticos e insumos complementarios.

2)    Rubros invisibles o gastos no asociados directamente a la educación: alimentación, higiene personal, salud y transporte.

Los principales resultados del estudio
- En los rubros visibles, las erogaciones son más altas en las familias de zonas urbanas (40,8 %) que en familias de zonas rurales (21,6 %). Dentro de las zonas urbanas, en las clases bajas, en las familias más desfavorecidas, las erogaciones en educación representan el 63 % de los ingresos. En la fracción baja de la clase media, es decir, en las familias en situación de vulnerabilidad, las erogaciones llegan al 36 %. En resumen, cuánto más pobres son las familias, más les significa en sus ingresos el porcentaje de erogaciones en educación.

-Para el área rural, la caída de la escolaridad es mucho más temprana. Hay gastos que no se relacionan de manera directa con  la  educación, pero que influyen en la permanencia o no de niños, niñas y adolescentes en el sistema educativo. Las erogaciones en la fracción baja de la clase baja alcanzan en promedio 25 % de sus ingresos;  en la fracción alta de la clase baja, el  promedio llega al 27 %, mientras que en las clase media, llega al 24 %.

-En las zonas urbanas, hay más escuelas, más inversión, más incentivos que en las zonas rurales. Los ingresos monetarios pesan más en cuanto a cantidad y existe mayor propensión para sostener a estudiantes en las escuelas. En las zonas rurales, hay menos establecimientos escolares y los ingresos de las familias en dinero son de menor cantidad.

-Entre los rubros visibles, se invierte en primer lugar en Tecnologías de Información y comunicación, ya que desde la pandemia se ha integrado el  uso de internet en la educación; donde más se gasta es en paquetes de datos para celulares en las clases bajas; mientras que en la clase media, en algunos casos se cuenta con internet con wifi. El segundo rubro es el uniforme y en tercer lugar se ubican los insumos complementarios, sobre todo en el nivel medio y en tercer ciclo, las familias invierten un importante porcentaje de sus ingresos familiares en insumos, a pesar de recibir los kits escolares del Ministerio de Educación y Ciencias. 

La importancia del uniforme
Luis Ortiz explicó que durante la investigación, cuando encontraron que gran parte de los gastos de educación se destinaban a vestimenta, preguntaron a las familias acerca de la utilidad pedagógica que puede tener este gasto, estas desconocían completamente. “Para muchas familias, y para las madres en particular, la compra de uniformes representaba una prioridad absoluta en el sentido de que para ellas movilizaban no solamente un requisito institucional, sino tenían un componente simbólico, no quieren que sus hijos vayan a la escuela con vestimentas que le coloquen afrentados contra su dignidad o con la vestimenta sucia”. Además de que existen controles sobre el aseo personal en algunos establecimientos, al decir del autor, muchos de los gastos en aseo personal de las personas estudiantes y de limpieza del establecimiento se transfieren a las familias.

Los rubros invisibles
En cuanto a los rubros invisibles, el estudio recoge que existen gastos que normalmente se realizan pero que “por ir a la escuela” o “por ir al colegio” se incrementan en los tiempos escolares. Destaca que en higiene personal, las familias invierten más en toallitas higiénicas y que la asistencia o no a clases se ve condicionada por este tipo de materiales.

En las zonas rurales más alejadas, como no existe transporte público, la moto y el combustible para llegar a la escuela o colegio tienen costos que implican una importante erogación para las familias. En cuanto a la alimentación, cuando no se asegura la alimentación, entra en riesgo la retención del niño, la niña o el adolescente en la escuela. 

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